<?xml version="1.0" encoding="utf-8" standalone="yes"?><rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"><channel><title>OSINT · Bitácora de un honeypot perdido</title><link>https://blog.efespain.com/tags/osint/</link><description>Un honeypot en algún rincón de la red. Cada infección, una historia que merece ser contada.</description><generator>Hugo</generator><language>es</language><managingEditor>eFeSpain</managingEditor><webMaster>eFeSpain</webMaster><copyright>2026 eFeSpain</copyright><lastBuildDate>Tue, 01 Sep 2026 12:00:00 +0000</lastBuildDate><atom:link href="https://blog.efespain.com/tags/osint/index.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><item><title>La cartera que nunca viaja</title><link>https://blog.efespain.com/capitulo-28/</link><pubDate>Tue, 01 Sep 2026 12:00:00 +0000</pubDate><guid>https://blog.efespain.com/capitulo-28/</guid><description>Los dos capítulos anteriores dejaron el kit desmontado pieza a pieza, y una pregunta sin responder: a quién le paga. Fui a buscarlo. Y me encontré con un diseño que lo impide — la configuración de minado no viaja nunca dentro del bicho, se descarga después — y con un andamio que alguien ya había desmontado. Esto es la persecución, lo que sí planta cuando le dejas correr, y hasta dónde llega lo que puedo demostrar sobre quién hay detrás.</description></item><item><title>Veinte euros al día</title><link>https://blog.efespain.com/capitulo-25/</link><pubDate>Tue, 01 Sep 2026 12:00:00 +0000</pubDate><guid>https://blog.efespain.com/capitulo-25/</guid><description>El destripe me dejó una cartera de Monero y una pregunta que el binario no contesta: cuánto lleva ganado esto. Monero está hecho para que no se pueda mirar un saldo — pero el pool contra el que minan publica estadísticas por cartera, y eso es una página abierta. Lo que salió al preguntar: una caja cobrando desde enero de 2021, otra que ya estaba encendida meses antes de aparecer en las muestras, unos veinte euros al día, y una factura de la luz que pagan las víctimas y que dobla lo que ingresa el operador.</description></item><item><title>Doce coartadas y un buzón</title><link>https://blog.efespain.com/capitulo-20/</link><pubDate>Tue, 01 Sep 2026 12:00:00 +0000</pubDate><guid>https://blog.efespain.com/capitulo-20/</guid><description>El capítulo anterior dejó una pregunta que el binario no responde: de los trece servidores STUN a los que Cling baliza, uno tiene que ser el buzón del operador —porque el bot solo le anuncia sus puertos a esos trece, a nadie más—, pero los trece parecen proveedores de VoIP inocentes. No lo cacé emitiendo una orden; lo encontré por descarte y por exclusividad, mirando con registros públicos quién habla con cada uno. Doce tienen coartada. El decimotercero, no.</description></item><item><title>Recién salido del horno</title><link>https://blog.efespain.com/capitulo-17/</link><pubDate>Sat, 01 Aug 2026 12:00:00 +0000</pubDate><guid>https://blog.efespain.com/capitulo-17/</guid><description>Un domingo tranquilo, mi alarma de binarios nuevos saltó tras días muda. El primer pensamiento fue el mejor de todos: algo fresco. Lo que vino después fue una montaña rusa — un viejo conocido, un falso positivo que casi me la cuela, y por fin un bicho que no figuraba en ningún repositorio público, cazado a menos de treinta horas de nacer.</description></item><item><title>El inquilino que llevaba once años</title><link>https://blog.efespain.com/capitulo-16/</link><pubDate>Sat, 01 Aug 2026 12:00:00 +0000</pubDate><guid>https://blog.efespain.com/capitulo-16/</guid><description>Un bot entró en mi cebo, estuvo 62 segundos y se fue. Lo catalogué como Gafgyt y me equivoqué. Una semana después tiré del hilo de sus servidores de mando y acabé en una operación que lleva viva desde 2015, y que ya tenía en la mano desde el primer día.</description></item><item><title>La fábrica de llamadas</title><link>https://blog.efespain.com/capitulo-14/</link><pubDate>Sat, 01 Aug 2026 12:00:00 +0000</pubDate><guid>https://blog.efespain.com/capitulo-14/</guid><description>En el capítulo 9 alguien intentó que mi centralita pagara sus llamadas. Lo conté y cerré el incidente, con una pregunta colgando: ¿quién estaba al otro lado? Esta vez no me quedé mirando por la ventanilla. Le puse memoria al cebo, seguí el rastro del número y descubrí por qué eligen justo esos números.</description></item></channel></rss>