Familia
shem
Un bot de IoT que convierte routers y cámaras ajenos en proxys de alquiler, se reparte desde sus propias víctimas y cambia de hash en cada descarga.
shem es el nombre que le puso su autor, y lo deja escrito por todas partes: en las rutas de su disco, en cómo se presenta al hablar con el mundo y en los primeros bytes de cada mensaje a su central. Yo lo había bautizado «zbot» por sus ficheros de cron; XLab lo llamó Shemzbot en un tuit, juntando los dos.
Entró por telnet con la contraseña de fábrica de siempre, pero no viene a tumbar servidores: lo que busca es tu conexión. Convierte el aparato en una salida a internet de alquiler, se reparte desde las propias víctimas y cambia su huella en cada descarga para que no se le pueda fichar. Su centro de mando vivía en un hosting a prueba de balas que se cambia de nombre para no dejarse coger.
- 29
Me dijo su nombre tres veces
Cayó en el cebo otro ELF de IoT con pinta de Mirai del montón. Lo bauticé «zbot» por sus ficheros de cron, y resultó que ni se llamaba así: por tres caminos distintos (las rutas que dejó en el disco, los banners con que habla SSH y HTTP, y los primeros bytes de cada mensaje a su central) el bicho me fue diciendo su verdadero nombre. Detrás había algo más interesante que un bot de tumbar servidores: una máquina para alquilar la línea de casa de su víctima como proxy. Y un operador que, con todo montado, rompía sus propias direcciones de descarga. XLab ya la había bautizado «Shemzbot» en un tuit; esto es el destripe que aquel tuit no traía.
shem
2026-10 - 30
El casero del C2
En el capítulo anterior abrí a shem por dentro, pero me quedé con una espina: su centro de mando es una IP pelada, sin dominio, así que no podía seguir al operador. Tiré igualmente de esa IP. Y lo que aparece al otro lado no es el operador, sino su casero: un bloque de hosting a prueba de balas que se cambia de nombre y de matrícula para no dejarse coger, que alquila a media docena de botnets a la vez, y que tira el servidor a los diez días.
shem
2026-10